¡PREVENIR ESTA EN TUS MANOS!
La insulina es una hormona del aparato digestivo que tiene la misión de facilitar que la glucosa que circula en la sangre penetre en las células y sea aprovechada como energía. La insulina se produce en el páncreas, concretamente en las células beta pancreáticas. El páncreas es una glándula situada detrás del estómago, al mismo nivel que el hígado, pero en la parte izquierda de la cintura. Cuando se empieza a comer alimentos que contienen hidratos de carbono, se activan unos sensores y el páncreas empieza a producir insulina que libera directamente a la sangre. Para que la insulina sea efectiva deben cumplirse dos condiciones:
El páncreas, entre otras sustancias, segrega la insulina y también el glucagón. El glucagón es otra hormona que tiene el efecto exactamente contrario al de la insulina. Es hiperglucemiante (hace subir los niveles de glucosa en la sangre). Cuando se confirma un fallo total en la secreción interna de insulina, la administración de insulina inyectada es el único tratamiento. Por fortuna hoy en día se dispone de fármacos de insulina que sustituyen la falta de esta hormona y permiten «imitar» la secreción interna. Cuando la diabetes se trata con antidiabéticos orales (pastillas) y el médico aconseja empezar con insulina, no hay que demorar la administración de insulina inyectada. Ponerse insulina no significa estar peor, en algunos casos es el mejor tratamiento.
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